Lo que deberías saber si aún no has hecho testamento

 

Cementerio de San Amaro (A Coruña)

Hace unos días en una de tantas mañanas ajetreadas recibí una llamada que quería hacer una consulta. Al ser advertido por la interlocutora de que quería tener una segunda opinión en un tema en el que estaba ayudando a una amiga, como es comprensible encendí todas las alertas por cuanto que ya había un compañero dirigiendo el tema y no solamente tenía que emitir un dictamen sino que lo que pudiera opinar podría ir contra una apreciación distinta.

El contenido de la consulta, alcance de la misma y dictamen emitido como no podría ser de otra forma no es el objeto de la presente entrada pero hubo dos cuestiones que me hicieron reflexionar sobre situaciones que se repiten a diario entre familiares, conocidos y amigos, en las que en multiples ocasiones me he encontrado que la gente no somos conscientes de nuestra realidad vital y jurídica.
Entrando en el detalle, a sabiendas de que lo que voy a decir puede provocar el abandono del lector del presente texto, he de decir en «voz alta» que ninguno de nosotros va a vivir eternamente y que la muerte está más presente en nuestras vidas de lo que nos pudiera gustar.
Digo lo anterior, porque en no pocas ocasiones y desgraciadamente, la muerte nos sorprende en momentos inesperados y como he escuchado por personas cercanas a alguien fallecido: «es que no contaba que se iba a morir tan pronto».
Sabedores de que ninguno de nosotros contamos con que la muerte nos venga de forma inesperada y sorpresiva, no quiere decir que dicho suceso se pueda producir (e.g. por un accidente) y que desde ese momento se extinga nuestra personalidad (capacidad de obrar y jurídica) y se inicie el proceso sucesorio.
Volviendo a la llamada de aquella mañana que me ha llevado a la presente reflexión, la cuestión era sencilla un conocido habría fallecido en accidente a los 46 años con pareja (la amiga de la interlocutora) y sin haber otorgado testamento.
Identificado el problema, la respuesta era sencilla si bien noté en la interlocutora que las noticias que le tendría que dar a su amiga no eran las que le gustaría y lo que es peor, que seguramente nadie habría previsto las consecuencias de no haber realizado un acto tan sencillo como plantearse si debería haber otorgado testamento.
Recordando las palabras del Profesor Ángel L. Rebolledo, nunca menosvaloremos que existen personas que no otorgan testamento de manera consciente aprovecho para permitirme sugerir al lector de la importancia de ser conscientes de la importancia y consecuencias de dicho acto para evitar que a la apertura de nuestra sucesión se produzcan efectos contrarios y diferentes a los que deseamos.